
El arte natural moldea Lanzarote
Tras pasar diez días en la isla de Lanzarote uno aprende a absorber la pureza de este lugar: de su materia prima volcánica, del buen hacer de la gente, de su mar, al igual que de su aire limpio.
Esta isla te prepara para fijar tu atención, a percatar el cambio del clima. Te invita a improvisar, a perderte por sus carreteras y sus playas. A admirar la vid, su trabajo y su sabor. Todo en ella es curioso, o al menos, digno de observar como si de una obra de arte se tratase.

Coches de alquiler corren de un lado para otro sin pararse a disfrutar de la belleza de esta tierra, única, sin lugar a duda. Podréis disfrutar de los Jameos del Agua, la Cueva de los Verdes, el Jardín de Cactus, el Castillo de San José o el lugar turístico más hermoso que os podáis imaginar, pero en Lanzarote, al igual que en otros sitios del mundo, la clave está en dejarse aconsejar por los propios conejeros -así llaman a los que viven en Lanzarote- y que los habitantes de la isla os puedan indicar los sitios más interesantes que visitar. Yo coincidí con Carlos Hidalgo, al que le agradezco la curiosa excursión que realizamos, gracias a la que pude conocer mejor la isla.
La verdad es que Lanzarote te acoge. No puedes perderte un solo rincón de ella, a no ser que quieras hacerlo. Os puedo recomendar como parada imprescindible la Fundación de César Manrique, para entender las raíces de la isla. Cómo a partir de la acción de la naturaleza, el ser humano, o en este caso, unos pocos genios, sacan lo más bonito de ella.

Recorriendo la isla se descubre la hermosa y curiosa estética propia del lugar, el uso de la piedra volcánica como recurso decorativo o funcional para todo. Los pueblos de casas blancas y puertas verdes o azules en contraposición con el paisaje volcánico oscuro.
También hallarás una vegetación diversa, como cactus o palmeras, además de tabaibas, matorriscos, duraznillos y muchas otras especies diferentes.
Como curiosidad gastronómica podréis probar el gofio en sus múltiples formas, las famosas papas arrugadas y mojos, los pescados, el pulpo, los quesos de cabra, y como no, el vino de la zona de La Gería.


Todo en Lanzarote es artesanal y tiene un trabajo y un cuidado minuciosos. Gracias a que más de un 43% de la isla son espacios protegidos se puede disfrutar de sus paisajes. Además, se nota que la gente de la isla lo cuida y lo protege. Así que, qué más, que si pasas por ella le des el valor que merece y lo cuides tanto, o más que ellos.
De este lugar me quedo con ese amor por la vida que nace, aquí, en Lanzarote.
«Vivimos tan corto espacio de tiempo sobre este planeta que cada uno de nuestros pasos debe estar encaminado a construir más y más el espacio soñado de la utopía. Construyámoslo conjuntamente: es la única manera de hacerlo posible».
César Manrique (1919-1992).

