Vista de la ciudad. Fotografía: Nora Sesmero

Cómo Oporto mantiene la esencia original de los edificios

La ciudad costera de Oporto alberga una mezcla cultural de romanos, árabes, españoles, británicos, italianos, franceses, etc., lo cual la hace bella. Esta ciudad es un continuo viaje en el tiempo, por la que no te cansarás de pasear disfrutando de sus atractivos lugares. Desde sus emblemáticos edificios de azulejos hasta la desembocadura del río Duero.

Una de las primeras cosas que te llamarán la atención de Oporto es la variedad de personas que encontrarás en ella, en todos los sentidos. Siendo los turistas los que visitamos esta ciudad, es torpe señalar lo que agobia que haya tanta gente en ella.

Aunque personalmente soy partidaria de adoptar como turista una posición de aceptación y tratar de disfrutar la experiencia al máximo, puedes intentar buscar los meses en los que menos afluencia de personas haya en este destino.

Los azulejos de Oporto narran historias. Fotografía: Nora Sesmero

En el plano gastronómico resulta curioso descubrir que los portugueses acompañan sus comidas con sopa, arroz blanco, ensalada o patatas fritas caseras. Podrás probar el bacalao en sus múltiples formas, la francesinha y el queso de la zona. Los pasteles de nata son un dulce típico de la región portuguesa con los que te deleitarás. Del vino hablamos más tarde…

Si bien la ciudad dispone de una buena conexión gracias al transporte público, el centro se puede recorrer a pie perfectamente, y en caso de tener que alejaros un poco de la zona central, podéis optar, por ejemplo, por el metro, que es muy cómodo.

Tienda de quesos en Oporto. Fotografía: Nora Sesmero

Casco histórico

Niccolo Nasoni es el nombre que está detrás de algunas de las iglesias barrocas italianas de los siglos XVII y XVIII de Oporto. Destacan las iglesias del Carmen y de los Carmelitas, que tienen una casa de un metro cuadrado entre medias de las dos. Estas fueron recubiertas, durante el siglo XX, con azulejos. Se trata de un elemento decorativo que les aporta un toque característico y encantador. Podéis visitar la estación central de Oporto, Estación Porto São Bento, para ver su interior, que también está ornamentada de esta manera.

Iglesias del Carmen y de los Carmelitas. Fotografía: Nora Sesmero
Estación Porto São Bento. Fotografía: Nora Sesmero

Son imprescindibles las vistas del Duero. A sus orillas disfrutaréis comiendo y bebiendo vino de Oporto. Es interesante visitar una de sus bodegas, para poder aprender cómo cultivan en esa zona el vino, que en la boca sabe dulce, especialmente afrutado.

Vista de Oporto desde la bajada al Duero. Fotografía: Nora Sesmero
Vista del Duero en Oporto. Fotografía: Nora Sesmero
Un pintor conversa con un hombre. Fotografía: Nora Sesmero

Además, es curioso conocer la historia de los diferentes puentes de la ciudad, que os explicarán en una pequeña ruta en barco por el río. Algunos están diseñados por Teophile Seyrig, socio de Gustave Eiffel, durante el siglo XIX.

En el casco antiguo de la metrópoli, hallarás el Palacio de la Bolsa. Te recomiendo su visita guiada para descubrir su magnífica Sala Árabe, donde se dan conciertos de música clásica gratuitos una vez al mes, según comentó la guía del propio Palacio.

Sala Árabe del Palacio de la Bolsa. Fotografía: Nora Sesmero

Para completar tu viaje podrás visitar el Café Majestic y la Librería Lello, como última curiosidad cultural de la urbe portuguesa.

Oporto es una ciudad singularmente arquitectónica. Sobresalen espacios como la Casa de la Música o la Fundación Serralves. La primera fue firmada por el arquitecto holandés Rem Koolhaas. Se trata de una sala de conciertos que representó a Oporto en 2001; nombrando a esta Capital Europea de la Cultura.

El segundo espacio presenta el Museo de Arte Contemporáneo, diseñado por Siza Vieira; un ejemplo del mejor art déco europeo, la Casa Serralves, y un parque de 18 hectáreas.

Sala de conciertos de Rem Koolhaas. Fotografía: Nora Sesmero
Casa Serralves. Fotografía: Nora Sesmero
Jardín de la Casa Serralves. Fotografía: Nora Sesmero

Sobretodo, resalta la belleza de que parte de esta ciudad esté considerada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y que, de esta manera, los edificios conservan su esencia natural.

Braga y Guimaraes

Además, puedes aprovechar para salir de Oporto y visitar Braga y Guimaraes, que se encuentran cerca.

En Braga hallarás el Santuario de Bom Jesus do Monte, que según llegas te conquista con sus colosales escaleras. El centro histórico de Guimaraes te recordará al pueblo madrileño de Chinchón, con las casitas con balcones de colores. Recomiendo ambas visitas.

Santuario de Bom Jesus do Monte en Braga. Fotografía: Nora Sesmero
Casco histórico de Guimaraes. Fotografía: Nora Sesmero
Casco histórico de Guimaraes. Fotografía: Nora Sesmero

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