
Las comunidades concienciadas en la reducción del consumo y la producción de ropa buscan aliados
Madrid, (EFEverde).- Todavía no son muchos, pero el sector de la moda encara cambios para ser más circular y sostenible, impulsado por entidades como la comunidad Slow Fashion Next, el Movimiento Universitario para la Concienciación y el Activismo en la Moda (MUCAM), las clientas de Ecodicta o las personas que integran Fashion Revolution Spain que alzan la voz para sensibilizar a la sociedad hacia un consumo de moda más responsable.
Representantes de estas entidades han conversado con EFEverde sobre la industria textil y la necesidad de encontrar aliados para reducir el consumo y la producción de ropa.
No en vano, muchas prácticas de la actual industria impactan negativamente a los ecosistemas al consumir grandes cantidades de recursos y generar contaminación química en el suelo, el aire y el agua.
Emprendedores que luchan a contracorriente frente a la industria convencional
Belén Arráez es diseñadora de prendas con valor sentimental que customiza para que las personas las guarden como tesoros en sus armarios en Descose tu Armario, y forma parte de la comunidad de profesionales de Slow Fashion Next, una plataforma española de formación en moda sostenible, circular y regenerativa. Aunque ve buena predisposición, en múltiples ocasiones se ha encontrado con el problema de las prendas de baja calidad que sobreproduce la industria textil: «me traían prendas de Shein y un día me negué a repararlas», confiesa.
Otra integrante del grupo, Eva Zorzo apunta: «creo que como consumidores y como personas deberíamos ir caminando poco a poco sin desviarnos de nuestros valores». Es por esta razón y por crear un vacío en el mercado con prendas que protegiesen la piel de los rayos ultravioleta, por la que Zorzo mantiene su marca From Sun With Love a contracorriente frente a la industria convencional.
Estudiantes universitarios críticos que ralentizan el ritmo para pensar
Los estudiantes que integran el Movimiento Universitario para la Concienciación y el Activismo en la Moda (MUCAM) también reman contra la presión social de «tener que ir a comprar ropa y gastar equis cantidad cada mes en ello» y, a la vez, que sean quienes deben «llevar una vida sostenible», expone Lucía Rubio, integrante de este grupo que busca llegar a más jóvenes.
Para ello defienden cambios en los hábitos de consumo de moda como aprender a leer las etiquetas de la ropa e informarse sobre los impactos ambientales de los tejidos con los que están manufacturadas y sobre cómo cuidar las prendas, así como de las condiciones sociolaborales de los países donde se fabrican.
Además, en sus intercambios de ropa conciencian a los participantes sobre la importancia de reutilizar las prendas hasta que se rompan y después dedicar un tiempo a repararlas.
Una familia de clientas que apuestan por su calidad de vida
Otra comunidad que también pone en práctica el intercambio de ropa son las clientas de Ecodicta, una startup de alquiler de moda y ropa de segunda mano. Sus integrantes intercambian experiencias con su familia o amigas gracias a compartir prendas.
Además, «han intentado buscar en otros ámbitos soluciones responsables, como en cosmética o alimentación», afirma el cofundador de la empresa, Raúl González.
Activistas concienciados que buscan nuevos aliados
La coordinadora nacional del movimiento global para la reforma sistémica de la industria textil hacia una limpia, segura, justa, transparente y responsable, Fashion Revolution, Nadége Seguin admite que es necesario «cuestionarse continuamente», abrir nuestros armarios y preguntarnos si necesitamos esa cantidad de ropa. Una buena práctica para reducir el consumo es crear un armario de prendas básicas «que funcione para ti», comenta.
¿Qué industria te gustaría que existiera?: Tomar decisiones en base a tus valores aporta calidad de vida, hay que ser fuerte y las comunidades te agarran a ello, transmiten.
Finalmente, recalcan que cada compra que hacemos le está costando un impacto al planeta y «hay gente que gasta muchísimo dinero en fast fashion». Entonces coinciden en que es conveniente bajar el ritmo vital, practicar la creatividad para mantener la identidad propia y el compromiso de consumir menos, de mayor calidad y local, que también ayuda a reducir la huella de carbono y a conservar el patrimonio cultural. Y denuncian que se equilibre el foco con la reducción de la producción textil desde los fabricantes. EFEverde
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